octubre 20, 2010

Fusionando Corrientes

Fusionando Corrientes

Alma con el fin de ser atractiva para los muchachos más populares del barrio decidió arreglarse de la siguiente manera: después de haber pintado de negro el cabello y las uñas, cubre su espalda con una traslúcida capa negra dejando el frente descubierto para dar a ver a través de la blusa un hermoso y amplio escote, hace encender con su agraciada figura una sugerente falda negra que deja apenas a los borceguís negros asomarse, y lleva una rosa acrílica negra en la mano donde usa un guante a cuadros negros y blancos que le llega hasta el codo. De su “IPod” con los audífonos a todo volumen en sus oídos, escucha a “The Cure” que es su grupo predilecto desde que escuchó por primera vez el disco “Desintegration”.


Por el contrario, Rogelio, quien en adelante habría de ser su enamorado, un joven un tanto más sencillo, hace su arreglo sin importarle mucho las corrientes actuales, aunque por lo regular, si está dispuesta, termina por usar la camisa negra floreada con alguno de los pantalones de mezclilla que nunca ha lavado al igual que su chamarra, y él estudia la preparatoria y pasa por el barrio donde vive Alma y los muchachos cuando lo ven pasar por sus rumbos, le miran con indiferencia mientras inventan poemas que por lo regular dicen: “No juzgues a nadie por su apariencia ni por nada, mucho menos juzgues a quien ha de amarte” y de igual manera: “Observa tus sentimientos y piensa qué tanto son verdaderos.” Por cosas de las fusiones es que Alma sin lograr llamar la atención de estos chicos decide estudiar la preparatoria con su singular estilo, mientras Rogelio en el aula a la hora de descanso tiene alrededor a sus amigos cantándoles con su guitarra las canciones de Serrat y Silvio. Los caminos a veces se juntan cuando menos se espera, y Alma le escucha desde afuera y entra a ver si quien canta es aquel muchacho que pasa por el barrio, y se miran y se quedan después conversando como si siempre hubieran sido amigos.

Leopoldo Sánchez Arenas
Derechos de Autor
Dos Palabras

1 comentario:

Fran dijo...

Serrat, Silvio y tus palabras. La perfección