febrero 02, 2009

Sin Embargo

Sin Embargo

Amo a Laura dormida. Un sueño le halla,
y un canto bien imaginado.
Y una luna de orquídeas
aparecido en el viejo florero
negro de un pueblo de tierras oaxaqueñas.
Ya que has despertado, pequeña Laura,
cantas absorbida de un eco calmo
en ruido, en fugacidad. Y tú encanto
es baile éxtasis que crea confianza.
Sin embargo, mi amor
¿qué te hace detenerte,
te hace triste, te mantiene intranquila?
¡Oh, que me lastima verla alterada!,
¡amo a Laura como se amplía
en el mar la marea!
¡Ay de mi niña enferma!,
¡Oh el rumbo del desvarío!
¡Le amo aunque el engaño y el desaliento!
Tantos rostros dentro de un ser hermoso;
tantos abiertos cielos,
¡De amarle no me acabo!
Y al vestirse de colores excéntricos
los majaderos
en un obvio absurdo humillante,
hay un cansancio que deprime
en luna llena
la virtud de su espíritu.
¡Tantas dudas tergiversadas!

Leopoldo Sánchez
Derechos de Autor
Dos palabras

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