enero 12, 2009

Oigo la Voz

Oigo la Voz

Oigo la voz
de horas distantes,
la de fotografías
de esta memoria alucinada.
Por ahí olas de lunas
cantan las historias de los abuelos
y una guitarra teje
las manecillas del reloj
con golosinas.
Rondan chicas las calles,
la esquina donde los rockeros chavos
con la sinfonola de a cuatro pesos
disfrutaban de los momentos,
cantaban a los Stones o Beatles
entre el aplauso
de los jóvenes, con tantas canciones
de ese antes, ahora y a lo futuro,
con gozo, emocionados,
hasta que los centavos terminaban.
¡Vaya añoranza!
Oigo esas horas cuando
el cántaro tiene sabores
de ojos llovidos,
de alcohólicas desveladas,
del más puro silencio,
de las noches más solas,
del río quieto en la montaña,
ando a cuánto he cantado;
a amar para el mundo cambiarlo,
con la esperma creada en lo más libre,
oí una vez en el río que mi alma
hablaba de cómo sería el viejo
de mi persona,
y de ahí, supe ser niño de nuevo.

Leopoldo Sánchez
Derechos de Autor
Dos Palabras

No hay comentarios: