enero 07, 2009

Había un Hombre


Había un Hombre

Había un hombre despierto
que se servía a las once
un apetitoso almuerzo de versos frescos del huerto
un vaso lleno de poemas de Lorca o de Nervo o de Borges,
y luego fumaba un cigarro de letras de Meléndez
mientras veía hacia el huerto de los poetas vivos y muertos.

Era un sujeto que vestía cantos escritos en el campo
con sombrero de Cien Sonetos de Amor de un tal Neruda,
con huaraches de Hojas de Hierba asimilados en su llanto.
Una funda de Horal cubierta de amorosa arcilla desnuda
guardaba arma de elegías
de Miguel como de Octavio.

Cabalgaba a diario un caballo de poesías
en prosa unidas a la hora del ocaso,
lo corría ¡ah! por las alegrías
melancolías del Manco de Lepanto,
en la cima de Versos de Amor Profanos La Decima Musa
se metía a sus labios y suspiraba un beso a Castellanos.

Cerca de su cabaña de coplas
las moscas y el caminante de Machado
se oían a viento de Serrat desde sus tierras españolas,
luna de Gabriela y Alfonsina relucía el tinto descorchado
de tantos poetas vivos como Yanina o Guedea.
Estrellas sobre el tejado.

Narrativas de Mario para su corazón comprometido
tomaba en grageas de justicia,
Cantares de Netzahualcóyotl le imaginaban a si mismo
ser la flor y el canto que acaricia
leyendas de Henestrosa enalteciendo el indigenismo,
cuento de Rulfo en un cerro de Luvina.

Hubo un hombre que no ha muerto
qué al menos catorce de las diecisiete
los dientes en rimas de Bécquer lo inspiraron al puerto
de diarios de Tagore para así por fin descuadernar el grillete
de su mente y llevar en su ser los bellos ideales
en poema a recónditos universos.

Leopoldo Sánchez
Derechos de Autor
Dos Palabras

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